Hacía veinte años que no viajaba con mi familia.
Hacía veinte años que no viajaba con mi familia. Entendiendo aquí familia como el núcleo central: mamá, papá y hermano. Dos décadas desde nuestro último viaje a cuatro. Si bien mamá, papá y la abuela (súper entendida para mí como núcleo duro), sí hemos viajado juntas durante estos años, mi hermano no nos había acompañado.
Tuvo que llegar un acontecimiento irrepetible para que esto se diera: el sesenta cumpleaños de nuestra madre. Me encantó la idea de hacerle una fiesta sorpresa con la familia extendida, pero más aún que la regaláramos un fin de semana largo a cuatro. He de admitir que aunque la idea fue mía, unos días antes me preguntaba cómo podría salir este experimento.

